Advertencia

Este blog ha sido diseñado para que pueda realizarse una lectura, de un texto de San Bernardo, cada día del año. No obstante, en esta fase se unificarán progresivamente los capítulos para que también puedan leerse como pequeños libros completos. Igualmente se añadirán las cartas de San Bernardo, que nos permitirán hacernos una idea cronológica de en qué época y circunstancias fueron hechos tanto los escritos como los sermones (están en un blog aparte)

sábado, 22 de septiembre de 2012

LIBRO DE LA GRACIA Y EL LIBRE ALBEDRÍO: CAPÍTULO XL


Capítulo 40


      HAY UNA DOBLE VIOLENCIA CONTRA LA LIBRE VOLUNTAD: PASIVA Y ACTIVA.-Hay dos clases de coacción según se nos obligue a padecer o a hacer algo contra nuestra voluntad. La primera -que podemos llamar pasiva- puede tener lugar algunas veces son el consentimiento voluntario del paciente. La activa, en cambio, jamás. Por eso el mal que se hace en nosotros, o que procede de nosotros, no se nos debe imputar si es contra nuestra voluntad. Pero si lo ponemos por obra nosotros, la voluntad  ya no está exenta de culpa. Y es evidente que lo queremos, porque no se haría si no lo quisiéramos. Existe, pues, la coacción activa. Pero es inexcusable, porque es voluntaria. Así, los cristianos se veían obligados a negar a Cristo, y les dolía. Pero consentían en hacerlo. Querían, por encima de todo, evitar la muerte. Y por eso, la voluntad que imperaba en su interior era quien les movía a renegar, mucho mas que el puñal que brillaba ante sus ojos. La espada ponía de manifiesto cómo era aquélla voluntad, pero no la forzaba. Ella misma era quien se lanzaba al pecado y no el puñal. Por eso los que tenían una voluntad sana podían ser martirizados. Y nunca se doblegaban. Así sé les había predicho: Os tratarán a su antojo. Pero solamente en los miembros del cuerpo, no en el alma. Vosotros no haréis lo que ellos quieran, serán ellos quienes obren.  Vosotros seréis martirizados, despedazarán vuestras carnes; pero no  cambiarán la voluntad. Se ensañarán en vuestros cuerpos, pero dejarán ilesas vuestras almas. El cuerpo del mártir estaba a disposición del verdugo, pero la voluntad permanecía libre. Si era débil, se comprobaría en los tormentos. Pero no le obligarían a serlo si antes no lo era. Su flaqueza procede de ella misma. Su fortaleza, en cambio, no, sino del Espíritu del Señor. Recobra su vigor cuando se renueva.

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