Advertencia

Este blog ha sido diseñado para que pueda realizarse una lectura, de un texto de San Bernardo, cada día del año. No obstante, en esta fase se unificarán progresivamente los capítulos para que también puedan leerse como pequeños libros completos. Igualmente se añadirán las cartas de San Bernardo, que nos permitirán hacernos una idea cronológica de en qué época y circunstancias fueron hechos tanto los escritos como los sermones (están en un blog aparte)

lunes, 1 de julio de 2013

DE LA CONVERSIÓN. CAPÍTULO II


Que la voz de Dios se ofrece ella misma a todos, y representa el alma a sí misma, aunque no quiera.

 Ni hay que fatigarse a la verdad para llegar a oír esta voz. Antes es trabajo el cerrar los oídos para no oírla. Sin duda esta misma voz se presenta de suyo. Ella misma se introduce y no cesa por ahora de dar golpes a las puertas de cada uno. En fin, cuarenta años, dice, estuve próximo a esta generación  y dije: siempre yerran éstos en el corazón. Todavía está próximo a nosotros, todavía habla, y no hay acaso quien oiga. Todavía dice, estos yerran en el corazón. Todavía está repitiendo sus voces la sabiduría en las plazas: volved al corazón prevaricadores. En esta manera, sin duda alguna comienza Dios a hablar y estas son las palabras que se han hecho sentir antes en todos los que se convierten al corazón. Palabras, ciertamente, que no sólo hacen volver sobre sí al pecador, sino que desenvuelven, y despliegan cuanto hay en su interior y le ponen al mismo en frente de su rostro. Pues, no precisamente son voz de virtud, sino también rayo de luz, que anuncia a los hombres sus pecados, y al mismo tiempo ilumina lo escondido de las tinieblas. Pero ninguna diferencia hay entre esta voz interior y esta luz, siendo uno mismo el Hijo de Dios, y el Verbo del Padre, y el esplendor de la gloria y aún también la sustancia del alma, que a la verdad en su género es igualmente espiritual, simple, sin distinción alguna entre sentidos, sino toda ella (si es que se puede decir toda ella) es quien ve y oye. Porque ¿qué se hace con aquel rayo de luz o palabra interior, sino que se conozca a sí misma? Se abre ciertamente el libro de la conciencia, se revuelve toda la serie lastimosa de la vida, se despliega esta triste historia, se ilumina la razón y se presenta a sus ojos abierta y extendida su conciencia. Pero la una y la otra, esto es, la razón, y la memoria, no son tanto cosas del alma, como el alma misma. De modo que el alma misma en la que mira, y es mirada, colocada contra su rostro y forzada por unos violentos ministros, que son los pensamientos saludables, que pone Dios en su interior para asistir, por ahora, para ser juzgada en su propio tribunal. ¿Quién a la verdad podría someter este juicio sin zozobra? En mi mismo se turbó mi alma, dice el Profeta del Señor ¿y extrañarás tu, que no puedas ser puesto sin reprensión, sin turbación, sin confusión?

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