Advertencia

Este blog ha sido diseñado para que pueda realizarse una lectura, de un texto de San Bernardo, cada día del año. No obstante, en esta fase se unificarán progresivamente los capítulos para que también puedan leerse como pequeños libros completos. Igualmente se añadirán las cartas de San Bernardo, que nos permitirán hacernos una idea cronológica de en qué época y circunstancias fueron hechos tanto los escritos como los sermones (están en un blog aparte)

domingo, 17 de marzo de 2013

CONSIDERACIONES. LIBRO V. CAPÍTULO XXIX





QUÉ ES LA LONGITUD, LA ANCHURA, LA ALTURA Y LA PROFUNDIDAD



¿Qué es Dios? Longitud, anchura, altura y profundidad. ¿Cómo es esto? ¿afirmas ahora la cuaternidad que antes  abominabas? Nada de eso: la sigo abominando. Sí; a la impresión de que me he referido a varias realidades distintas; pero de hecho es una sola. Las aplicamos al Dios una, tal como nosotros lo podemos entender, no tal como es en sí. Es nuestro modo de entender el que se divide y no Dios. Muchos son los nombres y muchos los caminos; uno solo es aquel a quien nos referimos y a quien buscamos. Esta cuaternidad no significa división en la sustancia divina, ni dimensiones como las que observamos en los seres materiales, ni distinción de personas como las que adoramos en la Trinidad, ni un número de propiedades como  reconocemos en esas personas, aunque se identifican con ellas. 
Dicho de otro modo: cada una de estas cosas son en Dios lo que son las cuatro reunidas; y estas cuatro son lo mismo que cada una de ellas. Pero respecto a nosotros, como no podemos rivalizar con la simplicidad de Dios, cuando queremos  captarle como un ser uno se nos presenta como cuadruplicado. Es debido a que ahora le vemos confusamente como en un  espejo. Cuando le veamos cara a cara, tal como es, entonces la frágil mirada de nuestra inteligencia, aun contemplándole fijamente, no rebotará ni se quebrantará en su pluralidad. Se recogerá más en sí misma, se encontrará y adaptará a su unidad, o mejor, a aquella unidad; así, esa visión simplificada  corresponderá a la suya. Seremos semejantes a él, porque le  veremos como es. Visión felicísima, por la que suspiró el  salmista: Tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro.
Pero como todavía estamos buscándole, subamos a esta  cuadriga, porque, enfermos y débiles como somos, necesitamos de un vehículo; a ver si podemos alcanzar nuestro destino, es decir, la meta de esa cuadriga. Así nos lo aconseja su propio conductor, que nos invitó a llevarnos: que seamos capaces de comprender, en compañía de todos los consagrados, lo que es su anchura y  largura, altura y profundidad. Comprender, dice, y no "conocer", para que no nos limitemos a satisfacer la curiosidad por la ciencia, sino que aspiremos con todas nuestras fuerzas a recoger sus frutos. El fruto no es el conocimiento, sino el acto de comprender. Porque, como dijo alguien, el que conoce el bien y no lo hace, está en pecado Y también dice Pablo: Corred de manera que lleguéis a comprender. Más tarde explicaré que es comprender.

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