Advertencia

Este blog ha sido diseñado para que pueda realizarse una lectura, de un texto de San Bernardo, cada día del año. No obstante, en esta fase se unificarán progresivamente los capítulos para que también puedan leerse como pequeños libros completos. Igualmente se añadirán las cartas de San Bernardo, que nos permitirán hacernos una idea cronológica de en qué época y circunstancias fueron hechos tanto los escritos como los sermones (están en un blog aparte)

viernes, 22 de marzo de 2013

CONSIDERACIONES. LIBRO V. CAPÍTULO XXXII


Y ahora fíjate cómo a estos cuatro atributos de Dios  corresponden otras cuatro especies de contemplación: La primera y más importante es la admiración de su majestad. Requiere un  corazón purificado, libre de los vicios y descargado  de pecados para que pueda elevarse fácilmente hacia las cosas de arriba. A veces podrá quedar incluso suspenso en la admiración, aunque sólo por unos instantes, dada la violencia del  estupor y del éxtasis. La segunda es imprescindible para que se dé la anterior, porque contempla los juicios de Dios. Su  espantosa visión, cuanto con más fuerza impresiona al alma que los contempla, le obliga a huir de los vicios, a echar cimientos sólidos a sus virtudes, a iniciarse en la sabiduría y a  mantenerse humilde. Porque si falla la humildad, las virtudes acumuladas se vienen abajo. La tercera contemplación se ocupa, o más bien halla su ocio en el recuerdo de los beneficios, y para no caer en la ingratitud, induce a la memoria al amor del que los concedió. Dirigiéndose al Señor, dice a este respecto el  Profeta: Difunden la memoria de tu inmensa bondad. La cuarta contemplación prescinde de las realidades que quedan atrás  y descansa solamente en las promesas. Es una meditación de  la eternidad, pues las cosas prometidas son eternas; fomenta la longanimidad y corrobora la perseverancia.

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