Advertencia

Este blog ha sido diseñado para que pueda realizarse una lectura, de un texto de San Bernardo, cada día del año. No obstante, en esta fase se unificarán progresivamente los capítulos para que también puedan leerse como pequeños libros completos. Igualmente se añadirán las cartas de San Bernardo, que nos permitirán hacernos una idea cronológica de en qué época y circunstancias fueron hechos tanto los escritos como los sermones (están en un blog aparte)

martes, 25 de septiembre de 2012

LIBRO DE LA GRACIA Y EL LIBRE ALBEDRÍO: CAPÍTULO XLIII

Capítulo 43 


     DIOS DIVIDE  SUS DONES EN MÉRITOS Y PREMIOS. Nuestro Dios y Rey eterno, cuando trajo la salvación al mundo, dividió los dones que hizo al hombre en méritos y premios. Las gracias presentes se convierten en méritos nuestros si las aceptamos libremente. Y si esperamos los bienes futuros apoyados en la promesa gratuita, podemos ansiarlos incluso como algo que se nos debe. Así lo afirmaba Pablo: Tenéis por fruto la santificación y por fin la vida eterna. Y también: Nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos, suspirando por la adopción de los hijos de Dios. 
  Las primicias del Espíritu son, para él, la santificación o las virtudes por las cuales nos santifica el Espíritu, y merecemos así la adopción. Idénticas promesas se hacen en el Evangelio a quienes renuncian al mundo: Recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. La salvación, pues, no proviene del libre albedrío, sino del Señor. 
    Dios mismo es la salvación y el camino de la salvación. Escuchémosle: Yo soy la salvación del pueblo, y yo soy el camino. El que es la salvación y la vida se ha hecho camino, a fin de que nadie se gloríe de sí mismo. Si los bienes del camino son los méritos, y la salvación y la vida son los bienes de la patria, tiene razón David cuando dice: No hay quien obre bien, excepto uno. Y es Aquel de quien se dice: Nadie es bueno sino uno solo, Dios. Todas nuestras obras y sus premios son dones de Dios. Se hace nuestro deudor en ellas y nos hace por ellas dignos de premio. Para establecer estos méritos se sirve del concurso de las criaturas, no porque las necesite, sino para que se enriquezcan con los premios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario