Advertencia

Este blog ha sido diseñado para que pueda realizarse una lectura, de un texto de San Bernardo, cada día del año. No obstante, en esta fase se unificarán progresivamente los capítulos para que también puedan leerse como pequeños libros completos. Igualmente se añadirán las cartas de San Bernardo, que nos permitirán hacernos una idea cronológica de en qué época y circunstancias fueron hechos tanto los escritos como los sermones (están en un blog aparte)

miércoles, 9 de enero de 2013

TRATADO SOBRE LA CONSIDERACIÓN DEL PAPA EUGENIO. LIBRO TERCERO. CAPÍTULO XIV



LOS OBISPOS REBELDES A LA SUMISIÓN DESEAN EMANCIPARSE


Escucha otra cosa, si realmente puede  considerarse distinta de la anterior. Tal vez alguien prefiera pensar que no difieren entre sí. Que lo decida tu consideración. A mi entender, no anda muy equivocado el que sitúa la rebeldía entre las diversas especies de avaricia. No seré yo quien niegue que es una clase de codicia. Al menos tiene todas las apariencias de serlo. Y no olvides que tu perfección exige no sólo evitar el mal, sino todo lo que pueda parecerlo. Lo primero, por tu conciencia. Lo segundo, por tu buena fama. Aunque a otros se les permita, recuerda que tú no puedes realizar nada que resulte sospechoso. Pregúntaselo a tus antepasados y te lo dirán: Manteneos lejos de toda clase de mal. Imite el siervo a su señor, como él dice: El  que quiera servirme, que me siga. Por otra parte, afirma el salmo: El Señor reina, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder. Sé tú también firme en la fe, cíñete de gloria y mostrarás que eres fiel imitador de Dios. Tu fortaleza ha de ser la confianza en la fidelidad de tu conciencia; tu gloria, el brillo de tu fama. 
Te repito que te revistas de fuerza  ara complacer a tu Señor. El goza con tu hermosura y tu belleza como en su propia imagen. Vístete con las vestiduras de tu gloria, semejantes a los trajes forrados que llevaban los criados de aquella mujer hacendosa. Elimina de tu conciencia la debilidad vacilante de una fe mediocre. Que no aparezca en tu fama la más leve moda de imperfección. Ponte los vestidos forrados, y así, la alegría que nuestra el marido con su esposa, tú alma, la encontrará tu Dios contigo. Quizá te extrañe todo lo que voy diciéndote, pues no sabes lo que busco con ello. Y no quiero tenene en vilo. 
Me refiero al descontento y a las disensiones de las Iglesias. Braman al verse truncadas y desmembradas. No hay ninguna o son poquísimas las que no sientan o no teman esta herida. ¿Quieres saber cuál? Mira. Los abades eluden la jurisdicción de los obispos; éstos, la de los arzobispos, y los arzobispos, la de los patriarcas o primados. ¿Qué te parece el espectáculo? Me chocaría mucho que fueras capaz de encontrar excusas a esta situación. Tampoco entendería que sea necesario hallarlas. Si fuera así, me demostrarías que estás encumbrado en el poder, pero no en la justicia. Lo harías porque puedes hacerlo. Pero la cuestión es saber si debes hacerlo. Has sido elevado a ese lugar que ocupas no para remover, sino para mantener a cada uno en su puesto y rango de honor que le corresponde, como dice el Apóstol: Honra a quien le corresponde el honor.

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